domingo, 15 de abril de 2007

EL SEÑOR MATANZA

PUBLICADO EN: PERIÓDICO EL ESPECTADOR. COLOMBIA.

Al principio suenan unos balazos. Después, se oye una voz que dice: “¡vivan los paramilitares!”. Se trata de una canción de los Hermanos Zuleta, no una de las más conocidas, pero sí una que retrata una realidad del Caribe ahora inocultable.

Los ‘paras’, ese anatema, esa mano negra que borra todo a su paso, con listas de políticos en sus computadores, se ha vuelto tema obligado en la prensa. Han quedado en evidencia. El nuevo “proceso 8.000” adquiere dimensiones monstruosas, las acusaciones a políticos —no como víctimas sino como gestores de los ‘paras’— presentan un panorama desesperanzado en el que jueces y delincuentes se funden en una amalgama grotesca.

De un momento para otro, los periodistas gritan al unísono: “los ‘paras’ tienen nexos con el gobierno”, como si ya lo supieran hace años y hasta ahora les destaparan la boca.

La canción de los Hermanos Zuleta, vitoreando a los paramilitares, es un termómetro de los niveles de simpatía. Y parece que los ‘paras’ cuentan con tantos seguidores en la costa que, como pasa con los grandes hacendados, son mencionados en los vallenatos con orgullo.

Algunos políticos huyen de la justicia, otros se entregan, otros tantos se defienden por cadenas radiales. Mientras tanto, el Presidente se reúne con los parlamentarios norteamericanos, lejos del caos. Álvaro Araújo, en La W Radio, cuenta que Jorge 40 —ese asesino inmisericorde— es su amigo de la infancia. Dice que, ya adultos, sus vidas tomaron rumbos distintos, que ya no volvieron a verse. Que sí, que naturalmente lo había conocido porque era de los Pupo de Valledupar, familia prestante, y que en una ciudad tan pequeña, tarde o temprano iban a confluir en una fiesta en el club. Puede ser cierto, y él puede no ser culpable de que su amigo de infancia ahora sea el más temido líder paramilitar de Colombia. Pero, como dijeron en La W Radio cuando terminó su intervención de media hora: si no tiene nada qué ocultar, ¿por qué da tantas explicaciones?

Álvaro Araújo es sólo uno de los treinta políticos acusados de tener nexos fuertes con los paramilitares y serán inocentes hasta que se demuestre lo contrario. En todo caso, ya es letal para el Gobierno un escándalo de esas dimensiones. De manera simultánea, aparecen los huesos de los ajusticiados por los ‘paras’, en El Tiempo aparece el mapa nacional de fosas comunes. Fosas encontradas y fosas estimadas. Se dice, en broma, que el Congreso no hay que revocarlo sino desmovilizarlo.

El panorama se oscurece, los líderes del Gobierno se confunden con los líderes de la delincuencia, los ganadores del Grammy le cantan a asesinos, y todos esperamos a que la carnicería termine.

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