lunes, 23 de abril de 2007

UNA VIDA PUNTOCOM

Publicado en El Tiempo.com. Colombia


Dice la No Smoking Orchestra, "I have dot com children and a dot com wife, living a dot com life". Hijos punto com, una esposa punto com, viviendo una vida punto com. Esta nueva cotidianidad, dentro de la que es imprescindible el mundo virtual, recupera territorio como una religión pagana. Son muchos los fieles de la religión ortodoxa -del libro impreso y del teléfono de ruedita- que se tapan los oídos, los ojos y la boca ante el monstruo inasible: el Internet.

En la última edición de la revista Arcadia se habla de la degeneración de la lengua española, de la pérdida irrecuperable de la carta de amor. Ahora predominan los 'emails' de un párrafo -un 'email' largo es descortés- y esa jerga inmunda del chat que recorta las palabras y traduce los sentimientos con caritas amarillas.

La teoría nietzscheana de la que habla Kundera, el eterno retorno, se manifiesta en su máxima expresión y, otra vez, aparece el estupor ante un viraje en las costumbres. El mismo estupor que terminará por volverse aceptación, en espera de un nuevo adminículo tecnológico que transforme las herramientas de comunicación para que se desate el Apocalipsis, una vez más. La espiral es perfecta: siempre habrá un ente ajeno que atente contra lo establecido. Por fortuna ya no se aplica la técnica de la hoguera para erradicar lo incomprendido.

Durante la lectura del editorial de Arcadia hice el ejercicio -fruto del ocio, lo admito-, de reemplazar las palabras 'chat', 'Internet', por 'brujería', 'paganismo'. El texto mantenía su sentido. La hipótesis apunta a una degeneración del lenguaje debido a la proliferación de los mensajes de texto en el celular y a una anulación de la interacción 'real' entre dos individuos, pues el objetivo de Internet es evadir al interlocutor con un solo clic.

Queda la impresión de que los seres humanos nos comunicamos peor y nos embrutecemos por utilizar como medio de comunicación una herramienta errónea.

Comparto, no puedo negarlo, la nostalgia por la carta escrita a puño y letra. Aún en 1998 era más común que enviar 'emails'. Pero preferir el correo postal al Internet es como leer a la luz de la vela, porque "sería un insulto asistir al suicidio de Ana Karenina mientras las páginas están iluminadas por un vulgar bombillo eléctrico".

La carta solía ser elaborada, extensa, porque ante la ausencia del otro no restaba otra cosa que describir el entorno, los cambios de parecer, las tardes de soledad. Un chat, en cambio, nos pone al interlocutor al frente, podemos reír con él, escuchar la misma canción, ser cursi o melancólico mientras se ven derramar lágrimas de nostalgia del ser amado al frente y no en la tinta de sus palabras un mes después.

El romanticismo sigue intacto, porque seguimos siendo los mismos, con la misma necesidad de decir banalidades o frases trascendentales a ese otro que está lejos y gracias al cual nos hemos partido el coco inventando un aparato que anule la distancia. Si algo exaspera la cursilería y la vena poética es ver tan cerca al ser amado, ver su rostro en una webcam, oír su voz con unos audífonos, leer sus palabras en un chat, lo que crea la ilusión de que está tan cerca, pero con la convicción de que está tan lejos. Si Arcadia teme la muerte del romanticismo de la carta, se asombraría de los sonetos que se han compuesto en la ventana de un chat.

María Antonia García de la Torre

No hay comentarios: