domingo, 15 de abril de 2007

MAYORÍA GANA

PUBLICADO EN: SEMANA.COM

Cuando me llegó un correo electrónico en el que anunciaban consternados la muerte de la HJCK, recordé la determinación de hace algunos años de la ex ministra de cultura, Consuelo Araújo. Propuso un día cortar la financiación a Jazz al Parque, al Festival Internacional de Teatro, entre otros. Su tesis partía, en ese entonces, del hecho de que el jazz y el rock no son autóctonos, por tanto, todo el presupuesto se destinaría a manifestaciones culturales nativas, como el Festival Vallenato.

Leí el correo enviado por El Malpensante y todavía me costaba asimilarlo: suena a ultraje que una emisora donde Gabo leyó un capítulo de Cien años de soledad, donde reposan conversaciones con Borges, con Neruda y con Jattin, huya despavorida al ciberespacio. Su lugar, el que ha ocupado 55 años, se llenará de ayombes y compaes. No tengo nada en contra del vallenato, pero, dado que ha ocupado cada rincón capitalino, sería apenas justo que hubiera una especie de “zona no vallenateros”. Y puede indignar a más de uno que haya que justificar –cada vez- la presencia de Chopin, de Stravinski, de Louis Armstrong, de Aretha Franklin, de Charlie Parker, en una emisora colombiana.

Y hay que enaltecer su relevancia, uno se siente en la necesidad de defender su existencia, sólo porque no genera un rating del 50 por ciento, sino un porcentaje modesto de los radioescuchas en Colombia. Sí, son una minoría, y sí, el vallenato seducirá una franja más grande de público, pero todo esto genera una sensación incómoda frente a la transacción, porque, culto o popular, se trata del esfuerzo de un grupo de personas que ha luchado durante cinco décadas para mantener en el aire una selección depurada de música clásica con la participación de expertos en cada género. Incentivan, además, la creación de emisoras culturales a pesar de la dificultad evidente que representan.

Las emisoras regionales se suman a la empresa mediante tertulias radiales, lecturas de cuento y de poesía, siguiendo el ejemplo del fundador de la HJCK, Álvaro Castillo Castaño. La iniciativa de “Cien tertulias radiales suenan en Colombia”, por ejemplo, tuvo como ganadores a Custodia Stéreo de Inírida, Guainía; a Hacaritama Stereo de Ocaña, Norte de Santander; a Emisora Inga, de Kamentsa Sibundoy, Putumayo, entre otros. Esto habla de la necesidad nacional de que una voz convoque y lidere, porque la influencia de la HJCK supera los confines capitalinos y su persistencia se agradece.

Al igual que se agradece la terquedad de la Revista El Malpensante o de la Editorial La Carreta: se empeñan en sacar adelante un proyecto para el uno por ciento. El 99 por ciento de los lectores ni sabe que existen, pero ese uno por ciento agradece su persistencia a pesar del escepticismo imperante.

Caracol bien podría perdonarle la vida a la HJCK: dentro de su conglomerado de 100 emisoras propias -52 en FM, y entre asociadas y afiliadas otras 62 en más de 20 ciudades- podría fortalecer y difundir una emisora que no está en crisis como la HJCK, como emisora cultural en Bogotá.

A pesar del desmoronamiento de su proyecto vital, Álvaro Castillo parecía entusiasta en la entrevista que concede al El Tiempo el pasado 25 de octubre. Las frases reiteran su júbilo con una insistencia casi caricaturesca, como la risa fingida que deriva en una inevitable mueca de dolor. Se habla de proyectos futuros, de una renovación, de una apertura hacia el mundo: “No habría razón para el pesimismo en una persona que a mediados del siglo pasado peleó contra viento y marea para abrir un espacio cultural en la radio y que, a fuerza de insistir, logró consolidar como decana de este género a la “HJCK, el mundo en Bogotá”.

Eso me suena al “no me pasa nada” de las mujeres: en realidad quiere decir “me pasa todo”, y Ricardo Alarcón, gerente general de Canal Caracol, debería apostarle a una opción cultural arraigada, en lugar de sacarla del aire.

El dial de la HJCK, 89.9 de FM, ahora será una estación de vallenatos, como un intento del grupo Prisa –comprende varios medios de comunicación en España y en América Latina, entre ellos Caracol- por competirle a 88.9, nueva estación especializada en vallenatos. El imperativo de este grupo, respetar y fomentar los canales de comunicación culturales de los países que cobija su manto, parece pasar a un segundo plano. Erradicar una emisora con la trayectoria de HJCK puede aumentar el raiting de radioescuchas, pero el público que la sintonizará en internet cambiará –el que pone la radio mientras lava los platos no es el mismo que se conecta a internet-. La revista“El Malpensante” anticipa que los especialistas en cada tema, declinarían su colaboración si se vulnera el espacio de sus oyentes.

Hacer de la HJCK una emisora por internet, únicamente de internet, la saca de su hábitat a cambio de una fórmula comercial poco amable y bastante impositiva.

Creo que es una gran ventaja que todos puedan oírla por internet, yo, por ejemplo, no tengo radio ni grabadora ni equipo porque sólo utilizo archivos de mp3 y el hecho de que la HJCK estè en internet me permite acceder a ella. Sin embargo, el punto grave es que entra a un medio de menor “categoría” y lo hace por segregación, porque les pareció más rentable poner vallenatos en ese dial. Es como si retiraran los clàsicos de las librerías a cambio de colgarlos en internet, para llenarlas de libros de superación personal. Es útil para todos poder leer los libros gratis y desde el computador, pero que no se los expulse del lugar al que siempre han pertenecido.

El tiempo se acaba y los preparativos para expulsar el jazz y el blues del 89.9 de FM siguen en pie.

En este país del Sagrado Corazón se ve de todo, cines gigantes y coliseos que se vuelven centros de oración Fuerte al Espíritu Santo, ministras que desprecian el jazz y el rock por no tratarse de manifestaciones culturales autóctonas. Ocurre hasta que una emisora con una programación cultural depurada, una luz en el desierto, se homogeniza en este régimen de Diomedes.

La predominancia del arte chino en la Revolución Cultural, la represión durante el socialismo en la Unión Soviética, la italianización de todos los libros y términos ingleses durante el fascismo en la bota itálica: estos momentos se asemejan a la colombianización a ultranza de toda manifestación musical en la radio. ¿Será una coincidencia? No seré yo quien lo diga, que lo diga la inmensa minoría.

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