domingo, 15 de abril de 2007

LA SUERTE DE LA FEA

PUBLICADO EN: EL TIEMPO. COLOMBIA.

El premio que obtuvo Ugly Betty ha sido motivo de júbilo para Colombia. “Medio Golden Globe es mío” afirma el libretista de Betty la fea, Fernando Gaitán. Parece que la esperanza vuelve a este villorrio infestado de asesinos. Un ambiente de calma reina en el país y todos vitorean jubilosos al creador de esta versión moderna de Cenicienta. La noticia, sin embargo, no debería tener la mayor trascendencia, si se tiene en cuenta que se trata sólo de una telenovela, fiel a las fórmulas del género maldito: el melodrama. Pero se enaltece como si del Pulitzer se tratara.

En balde repetiría que las telenovelas, al igual que el fútbol y el reinado de belleza, ocupan un papel secundario en la cultura de un país. Están hechas para las masas, a manera de reality en el que todo referente de la vida real –paradójicamente- se caricaturiza y se ridiculiza.

Los televidentes, esa gran mayoría perteneciente a una clase media estropeada, renuevan sus esperanzas de ascenso social gracias al amor de un magnate. Mientras tanto, las clases más favorecidas encuentran denigrantes las costumbres del pueblo y se burlan de la falta de glamour de Betty y su familia. Podría concluirse que este género es perfecto porque cobija a toda la sociedad, unos porque anhelan un nivel de vida al que casi nadie accede en Colombia, y otros porque encuentran despreciable y grotesca la forma de vida de la gran mayoría.

La versión estadounidense ubica a Betty en Queens, hija de un inmigrante mexicano. Aún los colombianos que vieron el primer capítulo en Bogotá, se burlaron del poncho de Betty, de su ramplonería y de su falta de clase. El triunfo de esta Betty anglosajona radica, claro está, en sus méritos académicos, pero pierde importancia al utilizar el cliché indispensable de la fea que se vuelve hermosa.

El periódico El Espectador menciona que esta nueva versión de Betty la fea, trascenderá de manera positiva dentro de las políticas migratorias estadounidenses: retratar la condición de los inmigrantes en una telenovela seguida por una decena de millones de nativos, aseguraría un cambio en la mentalidad y una flexibilización en el tratamiento legal y cotidiano de las ugly betties que ocupan cargos secundarios en las grandes compañías de Nueva York, de Miami y de San Francisco.

Lo que aparece en esta telenovela es, empero, una diferencia irreconciliable entre los inmigrantes mexicanos y los magnates estadounidenses. Es imposible que la ridiculización derive en el entendimiento.

No se pueden crear nuevos comportamientos en Estados Unidos, si se vende la imagen de lo “étnico” denigrante y discriminatoria por definición. De suerte que, la concepción del latino ilegal se generalizará y pronunciará la brecha cultural entre dos pueblos. Es triste que Colombia sobresalga en Estados Unidos sólo por una telenovela –de por sí patético- sino que además, obtenga reconocimiento a cambio de vendernos como un pueblo de quinta categoría, invasor y arribista.

No hay comentarios: